Qué hace bonito a un pueblo aragonés
Aragón tiene tres grandes paisajes de pueblos y cada uno se reconoce a simple vista. En el Pirineo y el Prepirineo dominan la piedra, las plazas porticadas y los cañones, como en Aínsa, Alquézar o Torla. En el sur turolense, el Maestrazgo, Gúdar y el Matarraña ofrecen conjuntos amurallados y casonas señoriales. Y en la provincia de Zaragoza y las Cinco Villas aparecen el románico y la memoria de la Corona de Aragón.
Más que un edificio concreto, lo que marca la diferencia es que el conjunto se conserve entero, que el entorno natural lo realce y que el pueblo siga vivo y no sea solo un decorado. Por eso un pueblo pequeño como Anento puede competir con otros más grandes si tiene un paraje singular, y uno sin tanta fama como Mirambel destaca por su autenticidad y su silencio.

